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Photo credit: ©renska

Angélica Meza

Clarinete histórico

Texto original de Laura Flores Valle

Entrevista realizada en enero de 2021

Publicada en mayo de 2021

Originaria de la provincia de Corrientes, en el noreste de Argentina, Angélica Meza creció en una familia con una marcada sensibilidad musical. Ese ambiente fue propicio para que explorara varios instrumentos antes de conocer el clarinete, a los diez años.

El flechazo, según cuenta, fue inmediato. Sucumbió ante la oscura belleza de un sonido que no era “tan agudo como el de un violín o una flauta traversa”. Un instrumento que, para una niña como ella, tenía otras ventajas: era ligero y fácil de transportar, y, quizás lo más importante, era muy versátil en términos de repertorio.

 

Ese deslumbramiento inicial fue consolidándose con los años gracias a las oportunidades que ella, con mucho empeño, supo aprovechar. Hubo también encuentros decisivos, entre ellos, llevar clases maestras con un quinteto de vientos de Estados Unidos, y quedar deslumbrada con la forma de tocar de su clarinetista: “Esa fue la chispa que hizo explotar mi cabeza”, dice, recordando con emoción ese momento.

 

Un mundo nuevo se abría repentinamente ante sus ojos: “Entendí que la vida no era solamente recibirte del Conservatorio y dar clases en el Conservatorio”. Escuchar música de cámara interpretada de esa forma marcó un antes y un después en su vida, y le hizo saber que eso era lo que quería hacer.

Los vaivenes de la vida, las sucesivas crisis económicas que atravesó su país y su inquieto temperamento también fueron allanando el camino que la llevó a asentarse primero en Buenos Aires y luego en La Haya, ciudad en donde reside actualmente.

Gracias a su hermana, quien también es música, Angélica tuvo su primer contacto con el clarinete histórico, un instrumento que la llevaría a aprender y desaprender muchas cosas: “El instrumento que uno elige tiene que ver también con el carácter. El rol del instrumento en un ensamble tiene que ver con la personalidad. En el caso de los instrumentos antiguos, hay un continuo diálogo con el pasado, pero también una reconstrucción posible de ese pasado. Se da un acercamiento más profundo a una determinada época y su forma de vida. Es como sacar a las figuras cristalizadas de un libro y sentirlas más cerca”.

Photo credit: ©renska

Metódica, pero al mismo tiempo muy abierta a la experimentación, Angélica se emociona al tomar conciencia de que le queda mucho por descifrar en el universo de la música histórica. Considera que lo más importante, para dedicarse a la interpretación de un instrumento antiguo, es ser flexible, pues hay que adaptarse, aprender a tocar afinaciones completamente distintas, investigar mucho, despojarse de miedos y, sobre todo, estar dispuesto a moverse “al costado de las ideas y conceptos que te enseñan en el Conservatorio (cuando estudias clarinete moderno), o también cuando te dicen cómo deberías tocar si pretendes ganar un concurso para entrar a una orquesta; eso está muy alejado de lo que, creo yo, son los rasgos o cualidades para interpretar música con instrumentos de época”.

Los retos, lejos de intimidar a Angélica, la han impulsado a perfilar aún más sus objetivos en el campo de la interpretación. Llegó un punto en que Buenos Aires, la gran ciudad que la recibió siendo una joven de escasos veinte años, empezaba a hacerse muy pequeña para lo que ella deseaba, y entendió que para seguir sus sueños en el campo de la música histórica solo había un camino: irse de Argentina.

Una vez en Europa, tuvo la oportunidad de llevar clases durante un año con Vincenzo Casale, en el Royal Conservatory of Ghent, en Bélgica, y tocar en distintos ensambles en Suiza, Bélgica, Argelia y Austria. En el 2018, se traslada a Holanda para completar su Maestría en Clarinete Histórico en The Royal Conservatoire, en La Haya.

Ser alumna de Eric Hoeprich, un referente indiscutible en el mundo del clarinete y de la música histórica, fue un proceso intenso: “Él te empuja a que vos seás tu propio maestro y que tengás tu opinión formada de cómo querés tocar. Para sacar el mayor provecho de sus clases, es preciso investigar mucho y llegar con propuestas claras y opiniones fundamentadas”.   

Angélica también recibió clases con la clarinetista inglesa Jane Booth, quien la movilizó muchísimo, no solo por su sensibilidad y su forma de entender la interpretación, sino porque en un mundo marcadamente masculino y con pocos referentes femeninos, sus clases fueron sumamente inspiradoras: “Ella me ayudó mucho a profundizar en la interpretación y a entender la importancia del cuerpo en todo ello, pero también a saber qué sonido vas a sacar dependiendo de la historia que estás contando”.

 

El corno de basetto, el instrumento al que dedicó su tesis de maestría, ha sido el principal compañero de Angélica en este viaje hacia el pasado y la música histórica, viaje que también ha sido una exploración muy fuerte a nivel más personal, pues le ha permitido derribar una serie de prejuicios e inseguridades: “En Argentina –y en Latinoamérica–, existe la idea de que para dedicarte a la música y llegar ‘a ser alguien’ solo existe un camino: consagrarte única y exclusivamente a tocar, y buscar a toda costa un puesto fijo en una orquesta. Eso hizo que pasara mucho tiempo con vergüenza de decir que hacía estuches para instrumentos. Deshacerme de esos prejuicios fue muy liberador. Sentir que esa faceta mía de artesana es respetada, incluso por personas como mi profesor, Eric Hoeprich, ha sido muy importante”.

La creatividad, la curiosidad y la capacidad de autogestión han sido constantes en la vida de Angélica: “Aprendí a coser mirando, explorando, metiendo mano, equivocándome”. Desarrollé esa habilidad para otros, no solo para mí. Eso me permitió tener una segunda entrada económica que sirvió para sobrevivir y sortear las dificultades que trajo la pandemia”.

 

Polifacética y con muchos intereses que trascienden el mundo de la música, Angélica se siente muy ilusionada con la oportunidad que le ofrece la Fundación Mount Parnassus de liderar un quinteto de vientos inspirado en la musa Euterpe:

“A Catalina Guevara Klein la conocí en Brasil, en el FEMUSC, el festival que ella organizaba junto con su esposo. Admiro y respeto la capacidad de Catalina para gestionar e impulsar un proyecto que busca apoyar a mujeres jóvenes en el campo la música histórica. Estoy ilusionada con la idea de liderar un quinteto de vientos. Es un reto que exige mucho empeño y coordinación, pero estoy motivada y me interesa saber qué va a pasar”.

Al preguntarle si desea volver a Argentina, Angélica es enfática: “No quiero volver a Argentina a vivir. Sí a hacer conciertos, por supuesto –todo lo que venga con la música, en Argentina o en otros lugares, es bienvenido–. No quiero volver a mi vida pasada, a la rutina de prepararme para una audición y buscar una plaza fija en una orquesta. Me siento muy bien siendo freelance”.

Sus deseos, de hecho, son claros: generar proyectos, hacer repertorio de música de cámara, seguir con su negocio de estuches para instrumentos, completar la familia de sus clarinetes históricos y montar su propia página de internet, en donde planea publicar artículos en inglés y español sobre el clarinete histórico. Pero, ante todo, seguir tocando: “Me encanta tocar, mi determinación es seguir tocando”.   

 

Determinación, perseverancia y paciencia, dice, son los rasgos que le han permitido llegar hasta donde ha llegado: “Pasé por muchas cosas, pero siempre mantuve intactas las ganas de seguir adelante. Cada paso, cada cosa que pasé y que he hecho, fue para seguir ese objetivo que a veces no sabía bien qué era, porque estaba medio borroso, pero que estaba creciendo en mí desde hace mucho”.

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